Wake up

Un rumor de metrópolis ingresaba en sus oídos destapados con el largo bostezo que dio, estirando su cuerpo adolescente, sentado en la cama iluminado por una luz matutina lateral difuminada por ser el rebote de la luz dura del sol de verano en la pared al exterior de su ventana. Un rumor como el del mar, pensó, cómico, cuando los cláxones lejanos le anunciaron la lejanía de su comparación. Un rumor de muerte, pensó luego, con cierto pesimismo recién despertado, y cayó en la cuenta de la inconexión de la comparación reciente. Un rumor como de máquina, desprendió su pensamiento, a lo futurista, a lo apocalíptico… No, mejor decir un rumor salvaje. Lo sintió luego muy Vallejo, muy “el hombre es en verdad un animal”, etc. ¿Qué era aquél sonido para este muchacho pensativo, recién despertado, recién consciente -no cuando en el sueño- de sus sensaciones? Todo aquello pero ninguno lo suficiente como para quedarse con uno solo; sensaciones volátiles, privadas de la añeja seguridad adulta. Mejor así, pensó. Mejor así.

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